Continuando en el molino del Rincón, del que podemos asegurar que en sus ruinas no hay el menor vestigio de que alguna vez dispusiera de torre, como todos los que le siguen hasta Sevilla. Y eso que debía resistir las embestidas de las grandes riadas, que por encontrarse a escasos metros aguas debajo de la desembocadura del Guadairilla, adquirían niveles inverosímiles.
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