Un sector de la izquierda española actual, que la derecha tacha despectivamente de «podemita», ha recuperado el gusto por el dogma moral y por la intromisión del poder político en nuestra vida sexual. La decepción de la secretaria de Estado de Igualdad por la preferencia de las mujeres por la penetración frente a la autoestimulación tenía tintes de reprobación moral. Me recordó la feroz aversión que los curas de mi infancia sentían hacia la masturbación masculina, a la que atribuían secuelas tan temibles como la ceguera. Dos autoridades morales, una laica y burocrática, la otra confesional y eclesiástica, haciendo admoniciones a su feligresía. Inquietante.
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