2024 ha comenzado desbocado, igual que esos niños que participan por primera vez en una carrera de larga distancia y, nada más dar la salida, se lanzan como galgos tras la liebre, pero sin liebre ni meta a la vista. Cuando esto ocurre, cosa habitual entre Año Nuevo y Reyes, a uno, por refrenar un poco la estampida, le dan ganas de dejar colgado el viejo almanaque con las últimas cifras del año a la vista, suspendidas en el aire como vilanos.
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