Ni el Parque Oromana se libra de las pintadas vandálicas a las que no se puede considerar ni siquiera grafitis. Un ejemplo es el muro junto al quiosco de la música. Y no son los únicos. Los garabatos ensucian el paisaje que tantas veces ha servido de inspiración a grandes pintores de la escuela paisajística. Las creaciones de los vándalos no pasaran a la historia por la calidad artística.
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