Ni me acuerdo del tiempo transcurrido desde que paseé la última vez por las calles sin otro propósito que no fuera despreocuparme del correr de tiempo, deteniéndome en aquello que pudiera sorprenderme por nimio que fuera. Como eran las cuatro y media de una agradable tarde invernal, me crucé con pocas personas, razón de más por la que mi atención se concentró en edificios y trama urbana del casco histórico de Alcalá.
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