Desde hace tiempo se viene observando un deterioro significativo de la Democracia que avanza en paralelo a la decadencia de la política y de la falta de liderazgos. Los discursos vacíos y encorsetados por los argumentarios de laboratorios llenan las cámaras y salones de pleno de todo el país. También ocupan la mayoría de minutos en radio y televisión. Plagan las redes sociales y hasta las rotativas malgastan las tintas y el papel en reproducir los mensajes que una parte importante de la prensa compra a granel en el mercado mayorista de la propaganda. La política actual, tan profesionalizada a la vez que inmadura, no está siendo capaz de articular discursos y posiciones de estado que resuelvan los problemas de la gente. La vecina Portugal nos vuelve a dar lecciones en plena pandemia de diálogo y lealtad, mientras que en España unos y otros malgastan el tiempo en arrojarse a la cara los futuros muertos. Lo previsible y lo vulgar se abre paso en la política, relegando al ostracismo a mentes brillantes.
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