Antes del día P (de pandemia), era imposible pillar una mesa an cá Baltanás. Tenías que acudir temprano para desayunar. Era tal la bulla que la mayoría de las veces tenías que desistir, pues, aunque hicieras colas o te arrimaras a alguna mesa tratando de intimidar a los clientes para que se levantaran, esto no sucedía. Había mesas ocupadas por grupos que echaban allí todo la mañana, como si estuvieran suscritos. Nada, no había manera:
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