Oiga, no fallan ni un día. A veces llama un fulano muy fino con acento de Valladolid. Y otras veces llama una lagarta con voz de catalana preguntando si hay algún pensionista en la casa para poder timarlo y sacarle los cuartos. Claro, cuando ya han llamado a tu casa cuarenta veces, pues como que te vienes arriba y coges el teléfono con la escopeta cargada con cartuchos de perdigones de los gordos, a ver si en esa batalla dialéctica logras convencer a la pedorra o pedorro de turno de que dejen ya de llamarte porque lo único que quieres es comerte el potaje tranquilamente e incluso pagar el doble de lo que ya pagas en tu factura del gas, luz, agua o teléfono. Y encima se hacen los indignados y los sorprendidos cuando les dices que quieres pagar más, mucho más que lo que ellos ofertan. Eso en el mejor de los casos, porque otras veces, al ver que eres un hueso duro de roer, te cuelgan directamente…
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