Segundo año sin Semana Santa. Sin cera en las aceras ni madrugadas de cornetas y timbales a golpe de tambor. Los pasos los daremos nosotros camino de casa porque es hora de recogernos. No habrá toque de diana sino de queda. La pandemia vuelve por sus fueros con el desánimo y el agotamiento de no verle nunca el final. Es la incertidumbre la que nos desalienta. Saber que si lo estamos haciendo medianamente bien por qué esto no se despeja. La cepa surafricana, la brasileña, la guineana y la de más allá. Estamos en modo meseta, estancados, ni para adelante ni para atrás.
CONTENIDO EXCLUSIVO
Hazte socio. Si ya lo eres y aún no tienes claves pídelas a [email protected]
Si ya eres socio inicia sesión