Uno de los fundamentos de todo Estado de Derecho es el principio de jerarquía normativa. Así, ninguna norma puede contradecir ni vulnerar otra de rango superior (siendo la Constitución la ley suprema), una norma posterior deroga otra anterior de igual rango, etc. Este principio garantiza la seguridad jurídica y la igualdad ante la ley e impide, entre otras cosas, que los jueces incurran en arbitrariedades aprovechando las contradicciones legales. No fue así durante la Segunda República, cuya actual «leyenda rosa» no se corresponde con la realidad.
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