En la Revolución francesa, rodaron más de 40.000 cabezas parisinas, incluida la del rey Borbón Luis XVI, gracias a ese magnífico invento creado por el francés Joseph Ignace Guillotin, quien también era diputado de la Asamblea Nacional. Y todo en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Se expropiaron numerosos bienes con la excusa de dar de comer a los pobres, hasta que se dieron cuenta de que no podían seguir expropiando y cortando cabezas porque había muchísimos más pobres que bienes a expropiar. La Revolución se estaba devorando a sí misma, hasta que llegó el día en que rodó la cabeza del mismísimo Robespierre. El debate historiográfico sigue abierto.
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