Antes del cierre vacacional de La Voz de Alcalá, nuestro genuino periódico, entregué dos de mis escritos, que deberían publicarse en septiembre. Pero no por eso he dejado de escribir a pesar del inclemente y tórrido verano; nada excepcional, pues el dios Sol cíclicamente nos exhibe su poder, (así que nada de cambio climático y otras zarandajas con las que políticos como los nuestros y semejantes pretenden domeñarnos ante esa nueva biblia llamada Agenda 2030). Pues, no obstante, a pesar del horno en que hemos vivido estos meses, mis neuronas, que no se han derretido, me han dictado su sentir.
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