Hasta bien entrado el S. XX, Alcalá mantuvo una organización del núcleo urbano muy estable. Hacia mediados del pasado siglo, en la medida en que nos recuperábamos de las carencias de posguerra, gracias a la puesta en venta de solares y al incremento de la autoconstrucción, se expandió el caserío. Surgieron nuevos barrios con sus respectivas parroquias y hermandades. Desde entonces, comenzó a desdibujarse la siempre latente división en dos mitades, con el correspondiente olvido de pertenencia a una u otra.
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