Que las obras aprisa y corriendo que se hicieron en la calle La Mina eran un paripé lo demuestra el hecho de que ya no hay ni flores. Lo único interesante ha desaparecido para continuar con el entorno, como dicen ahora los modernos. Ahí siguen dale que te pego con el ascensor ese de oxidación controlada para mayor gloria de nuestra alcaldesa. Pobres vecinos y comerciantes, los pocos que quedan ya, por tener que aguantar el ruido, el corte de la calle y las máquinas otra temporadita más. El día que por fin puedan llegar a sus casas en coche no se lo van a creer. Y todo para desnaturalizar el eje más bonito que quedaba en Alcalá; el formado por el Teatro Gutiérrez de Alba, la ya histórica farmacia de La Casa y el convento de las monjas teresianas.
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