En la Alcalá de los siglos XVII y XVIII había cinco hermandades de penitencia. Según el Padre Flores, la del Dulce Nombre de Jesús (o «Niño perdido») salía de la parroquia de Santiago la tarde del Miércoles Santo. Como nunca gozó de arraigo popular, tuvo una existencia lánguida y dejó de hacer su estación de penitencia muy pronto. La procesión de la Vera Cruz tenía lugar entre las seis y media de la tarde y las once de la noche del Jueves Santo. Disponía de capilla propia en el convento de San Francisco.
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