Con motivo de la celebración de la festividad de nuestra Patrona, la Virgen del Águila, he recordado con bastante interés las vacaciones familiares que disfrutamos en el Monasterio de Piedra, Nuévalos, Zaragoza, en 1987. Durante nuestra estancia recorrimos varios pueblos de los alrededores, donde una mañana pasamos cerca de un cruce de carreteras con una señal que indicaba la Ermita Nuestra Señora del Águila. Efectivamente, me llamó poderosamente la atención al relacionarla con el mismo nombre de nuestra Patrona.
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