Lauro Gandul aprendió a leer muy pronto. Su tía Dolores en las reuniones familiares con cinco o seis años lo animaba a recitar. Quizás sea un ejemplo muy remoto, pero ahí surgen las primeras inquietudes por la literatura. El impulso definitivo fueron los buenos docentes. «Antonio González Montero, mi maestro de Lengua en los Salesianos, me aconsejó. Me hablaba de Kafka, de García Márquez, de Borges… Entre los 13 y los 14 años me leí 53 libros. Luego llegaron otros profesores como Medina de Haro en el Instituto, que fue fundamental».
Lauro Gandul aprendió a leer muy pronto. Su tía Dolores en las reuniones familiares con cinco o seis años lo animaba a recitar. Quizás sea un ejemplo muy remoto, pero ahí surgen las primeras inquietudes por la literatura. El impulso definitivo fueron los buenos docentes. «Antonio González Montero, mi maestro de Lengua en los Salesianos, me aconsejó. Me hablaba de Kafka, de García Márquez, de Borges… Entre los 13 y los 14 años me leí 53 libros. Luego llegaron otros profesores como Medina de Haro en el Instituto, que fue fundamental».
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