Mientras conversamos disfrutando de la fresca mañana del primero de mayo, desde la arboleda nos llega el canto de los pájaros. Por encima de nuestras cabezas planean las golondrinas, que anidan en la viga que sostiene la ligera cubierta del recinto en el que nos encontramos. Reconozco que se trata de un espacio de difícil definición para el típico urbanita.
CONTENIDO EXCLUSIVO
Hazte socio. Si ya lo eres y aún no tienes claves pídelas a [email protected]
Si ya eres socio inicia sesión