Por fin llegamos, pero un poco cortos de tiempo. La última tarde de novena, pasadas las 19:30 horas no se podía parar del calor en el Águila. Ya daba comienzo el rezo del rosario y no encontramos asiento cerca de la puerta sur del santuario, abierta de par en par, por donde entraba con mucho miedo una leve brisa.
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