Las casetillas de lona de los calentitos tenían una consideración particular: no eran quioscos, sino puestos. Tal vez por su provisionalidad, pues se montaban cada mañana muy temprano, y se desmontaban al terminar la venta. Los soldaditos de Pavía y la papas fritas de por la tarde se freían bajo el techo de la plaza de las hortalizas.
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