El jueves 26 de mayo, a seis días para la prueba del alumbrado de la Feria de 2022 y a menos del comienzo de la instalación de los puestos, decidí comprobar in situ los comentarios que acababa de escuchar en el supermercado del barrio. Y efectivamente, en el tramo de la Avenida del Tren de los Panaderos, comprendida entre el ferial y la calle Molino de Realaje, habían tocado a arrebato. No sé cuántos hombres habría trabajando en la terminación del acerado, pero yo conté más de diez. A parte, un numeroso grupo de personas trataba de darle un aspecto agradable a la vista al trampantojo que oculta el incumplimiento de una antigua promesa que se le hizo públicamente a la Asociación de Vecinos de mi barrio, en una comida en la que me encontraba presente.
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