Al pasar saludé a un amigo, que disfrutaba del fresco de la mañana veraniega en un velador de la puerta del Carmen. Compartía mesa con Manuel Mateo y Mateo, un alcalareño de porte distinguido que peina sus canas con extraordinaria elegancia, quien me despertó la curiosidad contándome algo de la Expo-92 y Alcalá, que yo desconocía.
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