Después de media vida prestando atención a la transmisión oral, obligado a desentrañar lo que a primera vista parece imposible, me ha quedado meridianamente claro lo siguiente: la transmisión oral no inventa de la nada, riesgo que resulta frecuente en la documentación escrita, tanto por error, omisión o intencionalidad expresa. La tradición oral recuerda (no inventa) lo que le interesa del pasado, y lo relata tal como lo siente, despreciando los cánones establecidos, a los que deben someterse los cronistas oficiales.
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