Una de las revelaciones musicales de este año Rosalía, que últimamente anda promocionando su nuevo trabajo. Para que se hagan una idea, su estilo es una fusión mezcla «pop» de raíces aflamencadas y sonidos urbanos. Pero sobre todo (guste o no, para gustos colores) es un indudable producto de marketing, deseoso de colarse entre el «top» de la música comercial.
El estilo de Rosalía viene aupado en una controversia sobre si lo que hace es apropiación cultural. Que por supuesto lo es, como toda fusión. En este caso, apropiación de ritmos y temas de la cultura gitana, lo cual ha sido duramente criticado en tanto ella, al no ser gitana, estaría «apropiándose» de rasgos culturales ajenos para su explotación comercial. Con el añadido de formar parte de una cultura históricamente oprimida.
Todas las culturas incorporan mecanismos de apropiación. En la Andalucía medieval, tras casi un siglo de aniquilación sistemática de sus raíces andalusíes, surgió el mudéjar como estilo artístico. Hoy lo vemos como algo bello, pero en su momento se sustentó en sangre, esclavitud y discriminación.
¿Es correcto apropiarse de partes de una cultura? En el caso concreto del flamenco, es lo que venimos haciendo desde hace dos siglos. Mucho «Patrimonio de la Humanidad» pero pocos se acuerdan de las persecuciones, los campos de concentración y la miseria secular de las gitanerías. Así que igual el problema no es Rosalía, sino el sistema en su conjunto.
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