La etapa regionalista se define como un movimiento que busca la identidad de nuestras raíces en el ámbito de la cultura, ciencias, política, arquitectura y, en general, en los distintos campos de la sociedad de principios del siglo XX. Sevilla y su entorno de influencia, donde se localiza Alcalá, necesitan un proyecto ilusionante que haga despertar sus más elementales tradiciones con miras a una proyección internacional. Para ello, se empieza a diseñar la Exposición Internacional Iberoamericana de 1929, donde la ciudad hispalense pueda expandirse al mundo, superando la crisis de los primeros años del pasado siglo.
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