Las ventanas crujían, era un día de temporal, la lluvia cayendo en el patio, se escuchaba a través de los cristales de la carpintería. La ventana de la derecha de medio punto de la planta segunda decía «que pena que llevamos años mojándonos y todas las paredes están de humedad». La ventana de la izquierda de la misma planta comentaba «claro, es que algunas tejas están rotas y se cuela el agua». Al oír esto la primera ventana de la derecha de la planta baja comentaba «pues yo no tengo humedad, y el agua no me cala». A este comentario una revolución entre las carpinterías que empezaron todas a dar portazos como si de un vendaval se tratara, hasta el balcón de la fachada principal tuvo que intervenir «claro, cómo vas a tener humedad si te encuentras protegida con otra planta».
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