IV. 2. Así que, levántate, sube a Jerusalén y cuando hayas llegado a la puerta que se llama Áurea, porque ha sido dorada, allí encontrarás a tu paso, según esta señal, a tu marido, por cuyo estado de salud estás intranquila. Pues bien, cuando estos hechos hayan sucedido así, sepas que lo que yo te anuncio habrá de cumplirse sin duda.
CONTENIDO EXCLUSIVO
Hazte socio. Si ya lo eres y aún no tienes claves pídelas a [email protected]
Si ya eres socio inicia sesión