Todos los días, desde hace ya dos años, sobre las 10:00 horas, Miguel Astasio acude al mismo lugar: frente al Molino de San Juan, en el parque de Oromana, con sus dos loros, Dana y Siro. En el camino de albero, se cruza con deportistas, padres que pasean con sus hijos, fotógrafos empeñados en captar la naturaleza salvaje del entorno y curiosos que vienen porque saben que él estará allí.
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