El último pleno del curso político trajo un aluvión de nuevas normativas y regulaciones. Fue una sesión densa y de tensión alta. No se recordaba otro igual desde hacía tiempo. Casi no hubo debate, porque el gobierno no entró a casi ninguno de los capotes que le enseñó la oposición que se quejó reiteradamente de la falta de respuestas. La tensión no se verbalizaba, pero se percibía, quizás porque en el público estaban los vecinos de Santa Genoveva esperando a que en la recta final del pleno se volviese a abordar el problema con las fotovoltaicas que ahora les afecta de lleno.
El último pleno del curso político trajo un aluvión de nuevas normativas y regulaciones. Fue una sesión densa y de tensión alta. No se recordaba otro igual desde hacía tiempo. Casi no hubo debate, porque el gobierno no entró a casi ninguno de los capotes que le enseñó la oposición que se quejó reiteradamente de la falta de respuestas. La tensión no se verbalizaba, pero se percibía, quizás porque en el público estaban los vecinos de Santa Genoveva esperando a que en la recta final del pleno se volviese a abordar el problema con las fotovoltaicas que ahora les afecta de lleno.
CONTENIDO EXCLUSIVO
Hazte socio. Si ya lo eres y aún no tienes claves pídelas a [email protected]
Si ya eres socio inicia sesión