Mi amigo Javier Maestre, vecino del Campo de las Beatas, me avisó de una pequeña tienda que estaba a punto de cerrar. Para entrar en el establecimiento, el último cliente en llegar tenía que esperar a que saliese el primero. Era el peaje a pagar por tener de todo en tan poco espacio. Esperando el turno, en ese tránsito lento –nunca pesado–, se fomentaba el saludo y el encuentro de unos vecinos fieles a comprar lo común y lo extraordinario.
CONTENIDO EXCLUSIVO
Hazte socio. Si ya lo eres y aún no tienes claves pídelas a [email protected]
Si ya eres socio inicia sesión