No hace mucho que la ministra de Defensa, Margarita Robles, se paseaba por la fábrica de Santa Bárbara de Alcalá para pasar revista a los obsoletos tanques españoles que se estaban reparando para ayudar a Ucrania a combatir la invasión rusa. La visita se remató con un paseíto por La Mina y atracón de dulces de las clarisas. Una estampa quizás demasiado costumbrista y colonial que no solventa problemas y que no aporta nada al desarrollo de la ciudad.
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