Posiblemente, Ana Isabel Jiménez sea la alcaldesa más ególatra que haya tenido Alcalá a lo largo de su historia, superando incluso a Antonio Gutiérrez Limones. El culto a su imagen personal, ni siquiera como alcaldesa, roza ya lo esperpéntico. Nos hemos acostumbrado a ver fotografías de políticos con cascos visitando obras o cortando cintas en el contexto de una obra o una inauguración. Sin embargo, Ana Isabel Jiménez, en una vuelta de tuerca más, está aportando un nuevo género a la propaganda política: el retrato de la alcaldesa donde importa más ella misma que el contexto.
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