Aunque lo normal debería ser cumplir los plazos en la administración pública, la historia reciente demuestra que nunca o casi nunca se cumplen. Como ejemplos más clarificantes se pueden poner los casos de la reurbanización de la calle Nuestra Señora del Águila, que aún no ha concluido. La de Orellana, ahora paralizada y con prórrogas del contrato para finalizarla. A veces los plazos se dilatan en el tiempo y en otras ocasiones directamente se ignoran. Ahora bien, la remodelación de una plaza puede esperar pero hay otro tipo de cuestiones urgentes en los que la administración, sea local o autonómica, no puede escatimar esfuerzos para que se cumplan.
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