El obligado enclaustramiento que hemos sido sometidos, sobre todos los que tenemos una edad de riesgo al famoso virus, ha forzado a una gran mayoría a cambiar actitudes y costumbres. La libertad y el bienestar en la que nos movíamos han desaparecido. La compra de alimentos, los paseos, las tertulias y los contactos se nos antojan lejanos en nuestro quehacer cotidiano.
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