Todos conocemos a personas que sufrieron las consecuencias de la crisis. Fueron trabajadores honestos y cumplieron con sus deberes hacia la sociedad, pero esta los abandonó. La crisis empobreció a personas humildes y laboriosas y enriqueció aún más a los más ricos. Para que salgan las cuentas macroeconómicas hay que sacrificar el balance microeconómico de los currantes. La vida es dura en el universo de Goldman-Sachs, pero para unos más que para otros. Una de las consecuencias más graves de esta desigualdad creciente en todo el mundo es el debilitamiento de los fundamentos éticos y políticos de la democracia liberal.
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