La nuestra es una sociedad de gente corriente, un mundo sin héroes. Ya nadie arriesgará su vida por amor al conocimiento, como Marie Curie. Salk trabajó sin descanso para crear una vacuna contra la polio con la que salvar millones de vidas, la probó en sus tres hijos y se negó a patentarla. Hoy los laboratorios venden sus vacunas al mejor postor. La vida de los inocentes no vale nada. La codicia ha derrotado a los científicos románticos.
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