Sánchez es auténtico cuando camina, pero artificial cuando habla. Su andar de triunfador apuesto le sale de dentro, mientras que los discursos que pronuncia le vienen dictados por las circunstancias o por los expertos en marketing político que le aconsejan. En esto último Sánchez no es diferente del resto de nuestros políticos, aunque sirva como ejemplo de hipocresía.
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