Finalmente Sánchez nos libra ¿por ahora? de sus soflamas. En ellas nos ha demostrado que sabe declinar -el yo- primera persona de los pronombres personales. Algunas veces cambia el conmigo por el contigo. Es decir «échame una mano» pero nada recibirás a cambio. Al que no lo hace le tacha de crispador e instigador de golpismos. Paranoia política del crispador, crispado. ¿Cómo hemos llegado a este estado de cosas? ¿De quién es la culpa? Pienso que de una ley electoral perversa en sí misma; que no contempla la igualdad numérica del voto en todas las circunscripciones electorales y que el PSOE-PP, que con sus mayorías absolutas no la cambiaron.
CONTENIDO EXCLUSIVO
Hazte socio. Si ya lo eres y aún no tienes claves pídelas a [email protected]
Si ya eres socio inicia sesión