síntomas que, siendo el último en llegar, sufre todo aquel que logra meter la cabeza en el sistema de la administración pública. Incluida la local.El trabajo nos hará libres. Todos los caminos llevan a Roma. Trataré a mi pareja con cariño, y entenderé que no es necesario rodearle el cuello con mi antebrazo. Viviré agradecido por el pan blanco de los días. Viviré sin miedo a perder mi plaza de oposición. Viviré gozoso de ver que los demás también merecen la vida aunque no hayan aprobado una oposición. Un arquitecto está tan perfectamente capacitado para dar clases de matemáticas como cualquier otro licenciado y/o graduado. Respetaré tanto al becario y al auxiliar de archivo como a la limpiadora. Sólo así seré capaz de liberarme del Síndrome del último mono.
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