Cuando los okupas entran en una vivienda no llegan para habitarla sino para desvalijarla, sacar todo lo que sus anteriores moradores han dejado y venderlo o aprovecharlo para hacer sus trueques. Las casas acaban en una miseria inmunda y ello no es óbice para seguir ocupándolas. Van y vienen por las calles dejándose ver con el orgullo de okupas y la arrogancia de moradores que han conseguido una vivienda en pleno centro o recién construida.
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