Todos los años por estas fechas escribo sobre lo mismo y todos los años por estas fechas cae en saco roto. La Cabalgata de los Reyes Magos de Alcalá usa unos caramelos, con forma de proyectil por su peso y su tamaño, que un día nos van a dar un disgusto. Mi hija pequeña se acostó con dos picotazos en la cara que no eran de mosquitos. Son los oficiales y las carrozas los tienen que llevar sí o sí. Nadie los quiere. Se quedan en el suelo porque ni los más golosos ni los recogelo-todo se agachan a por ellos. Así, como prevención, más de uno se quita las gafas para ver aunque sea borroso a Gaspar, Melchor y Baltasar, no vaya a ser que tenga que cambiar su regalo de esa noche por unas lentes nuevas el primer día laborable.
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