No es el título de una serie de Netflix donde los primitivos indios suramericanos cortaban las cabezas de sus súbditos y los arrojaban por la pendiente de un terraplén como sacrificio para los dioses. No. Tampoco es el estreno de una película de miedo, ni una obra inédita de Buero Vallejo en el único escenario que le hace un homenaje simbólico en la Casa de la Cultura por su escalera integrada. Es la obra cumbre de este Ayuntamiento de progreso.
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