En plena pandemia del coronavirus, cuando todos (y todas que diría algún literado o literada que no se ha enterado aún que el masculino es inclusivo en castellano) estamos encerrados voluntariamente, no podemos olvidarnos de nuestras monjitas.Las clarisas de Alcalá viven de los dulces y muy especialmente de los que vendían por estas fechas. Con su pequeña tiendecita cerrada y sin poder suministrar esas delicias azucaradas, sus merengues, sus palmeras, sus piñonates y polvorones, se han puesto todas manos a la obra con las mascarillas contra el Covid-19. No serán las oficiales, ni las quirúrgicas de dos o tres capas, pero están bendecidas por los ojos del de arriba, del que todo lo puede y nada nos pide. Inconmensurable labor humanitaria la que desarrollan. Antes cosían y bordaban escudos para viseras de gorra y camisetas, que también, a trancas y barrancas, les dejaba algo de dinerillo. Pero la urgencia de nuestros días es luchar contra el enemigo invisible y traicionero.
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