En esa feria de las vanidades y del postureo político llamada Fitur, donde tan importante como promocionar el turismo es «venderse» a uno mismo, ha estado presente el pan de Alcalá, nuestro pan. Seña de identidad desde el siglo XVIII, las tahonas de Alcalá de Guadaíra forman parte de nuestra idiosincrasia. No se entendería Alcalá sin sus harinas molidas en el río, los hornos echando humo de madrugada y los mulos repartiendo los bollos crujientes por Sevilla. Hasta tal punto era potente esa pequeña industria que muchos aún llaman a Alcalá la de los Panaderos.
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