Más que un sistema político-económico, el capitalismo neoliberal es un proyecto de sociedad y un dispositivo de fabricación del ser humano. Y esa producción se ha impuesto hasta el extremo que sus principios se han ido «naturalizando», colonizando las conciencias y definiendo lo que damos por normal. Siendo así que ni tan siquiera nos damos cuenta de esa naturalización, de esa determinación profunda que, por ejemplo, nos lleva a cuestionar con evidente razón a los políticos corruptos y, en cambio, no hacer lo propio con los empresarios corruptores.
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